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Y llegó la primavera después de un junio abrasador…

Hemos vivido un mes de junio tórrido, asfixiante, abrasador… muy caluroso.

En muchos lugares de España la máxima diaria ha superado los 40 grados 2,3,4 días… La provincia de Córdoba ha llegado casi a 45 grados durante alguna jornada, pero ha rondado los 40, o más, durante casi diez días seguidos. En pleno junio. Una barbaridad.

Y de repente… ¡plim!. Cambian las piezas del juego, el anticiclón se afirma en el Atlántico y nos comienza a mandar vientos del norte, con su correspondiente vaguada en altura; es decir, que la corriente en chorro nos hace una visita inesperada.

En las zonas más abiertas a este tipo de invasiones de aire frío, allá donde no hay ningún obstáculo de tipo topográfico, las temperaturas bajan de un día para otro, el cielo se cubre de nubes, y llueve, truena y graniza, e incluso nieva si el aire frío que llega es suficiente (como es este caso). Esto es el ABC de un cambio de tiempo para zonas sin más “complicaciones”.

Pero ¿qué pasa en otras zonas de orografía más compleja hasta que llega el deseado cambio de temperaturas?. Pues aquí lo vamos a explicar; lo vamos a ver, más bien.

Sabemos que el litoral mediterráneo de la Comunidad Valenciana se encuentra, casi en su totalidad, bajo el escalón que supone la meseta central, la de Castilla-La Mancha. Igual que los vientos del norte cambian de dirección en el Valle del Ebro y se convierten en el cierzo (vientos del noroeste), favorecidos por la orografía (un valle es generalmente un lugar en el que el viento no encuentra obstáculos para correr), en la zona de la que hablamos estos mismos vientos del noroeste se “aponentan”; es decir, giran hacia el oeste para poder bajar mejor este escalón del que hablamos. Sólo en el norte de Castellón se mantienen del noroeste, debido en parte a la misma influencia del Valle del Ebro. Pues bien, al bajar desde la meseta este aire se acelera, se comprime y se recalienta, secándose.

Y el resultado, negativo siempre para unas u otras cosas, ya sean cultivos, personas o incendios, es de sobra conocido.

Esta pasada semana hemos podido fotografiar el cielo, y hemos podido hacer una pequeña cronología sobre todo lo que pasa por nuestras cabezas hasta que llega el verdadero cambio de tiempo, el que ha dado lluvias y nieves (menos) unos días antes en muchas zonas de España. Lo explicaremos, así pues, con fotografías.

Esperamos que os gusten.

 

 

El martes 27 las temperaturas aún eran altas en Valencia, pero en el cielo de la mañana pudimos observar, durante todo el día, que las estelas de condensación originadas por los aviones no se desvanecían en la nada, sino que permanecían. Esa era una señal, al menos, de que en la media troposfera el intercambio de masas de aire estaba en marcha.

 

 

 

Nieva en el Pirineo. Pic du Midi, 29 de junio.

Llegó el jueves 29 de junio y el Pirineo se levantó con las cimas blanqueadas en una altitud superior a los 2600 metros, aproximadamente. ¿Que es muy alto?. Sí. Pero estamos en junio…

 

 

 

Gráfico de temperaturas debido al poniente. Valencia, 27 de junio.Y aquí tenemos el gráfico de la temperatura del día 27 de junio, dos días antes. Como decíamos al comienzo, en el norte de España el tiempo es nuboso y fresco, y el viento del norte y noroeste dejan ambientes mucho más agradables que en el litoral de la Comunidad Valenciana. Podemos ver cómo la curva de temperatura subió este día hasta las once y media, aproximadamente, momento en el que entró la brisa. Todo normal. Pero, tal y como estaba previsto, a partir de las tres de la tarde entró el poniente, y la temperatura comenzó a subir y subir y subir… hasta llegar casi a 36 grados ¡a las siete de la tarde!.

 

 

 

Esta triste imagen es del jueves 29 de junio. El mismo día que nevaba en el Pirineo soplaba el poniente en la provincia de Valencia. Más exactamente seguía soplando. El miércoles 28, poco antes del anochecer, se declaró este incendio forestal que ha acabado quemando en torno a 1000 hectáreas. El viento del oeste, como decimos al comienzo, seca todo, además de subir la temperatura bastantes grados por encima de lo normal. Todos los ingredientes para que llegue el desastre. Es curioso observar cómo se forma en altura, algo por encima de la columna de humo, un pirocúmulo. Es decir, un cúmulo “ayudado” a crecer por las partículas en suspensión que transporta el humo del incendio.

 

 

 

Atardecer del viernes 30 de junio. Colores arrebolados tras un día más fresco, que dejó una máxima de 26 grados. La masa de aire frío ya estaba encima de nosotros.

 

 

 

Sábado 1 de julio. Tras un fresco amanecer (lo consideramos así porque la mínima fue menor de 20 grados y la humedad se mantuvo baja) el sol alto de verano comenzó a calentar, siendo uno de los factores necesarios para que crecieran nubes de evolución desde media mañana. La imagen muestra la base de un cumulonimbo que se formó y creció al sur de nuestra posición, una sierra cercana a Valencia que es un magnífico balcón para observar este tipo de fenómenos.

 

 

 

En la parte central y superior, de un gris no tan oscuro como el de la base, comienzan a observarse partes fibrosas o estriadas, una de las señales de que el Cumulonimbo (la nube de tormenta por excelencia) está adquiriendo la especie “Capillatus”.

 

 

 

Otra imagen más del conjunto de la nube.

 

 

 

Preciosa imagen de toda la dimensión vertical del Cumulonimbo, que dejó algo más de 6 mm. de lluvia en el área en la que precipitó. Estábamos justo a la distancia perfecta para poder sacar la fotografía de la nube en toda su dimensión, sin tener que usar panorámicas.

 

 

 

Y en una nube de tormenta así de perfecta no podían faltar las mamma. ¿Qué son mamma?. Pues son un rasgo suplementario que acompaña a los cumulonimbos (y a otros géneros) y que destacan por su belleza, espectacularidad y por la “imposibilidad” de sus formas. Cuando se ven mamma (o mammatus) fotografiados en seguida surge la pregunta: ¿pero esto puede ser?. Pues sí. Y así lo atestigua el que escribe. El problema es que esta nube agradece mucho el retoque de luces o contrastes, así que a veces parecen un cuadro o una imagen realizada por ordenador. Pues aquí están las nuestras, en blanco y negro, para que se apreciasen mejor las sombras.

 

 

 

Las mammas, con algo más de zoom y en color natural.

 

 

 

La tormenta pasó, viajó hacia el mar y se deshizo. Y al rato creció otra más allá, hacia Villena-Caudete. Desde la distancia se puede ver la característica forma de este Cumulonimbus Capillatus Incus. “Capillatus” por las estructuras fibrosas que se pueden ver en la mitad superior, e “Incus” por la inconfundible forma de yunque.

 

 

 

Y el mismo sábado acabamos con estas irisaciones, fotometeoro definido por la OMM como “Colores que aparecen en la s nubes, unas veces desordenados, otras formando franjas casi paralelas con el borde de la nube. Predominan el verde y el rojo, frecuentemente con tonalidades suaves”. Un cirro, nube formada por cristalitos de hielo, débilmente coloreado.

Viento, calor, fresco, incendios, súbidas de temperatura súbitas, incendios, tormentas… Así es la temperie cuando decide moverse. En Valencia no pasa muy a menudo, pero ¡qué suerte poder contemplarlo!..
 

 

 

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