Loading the content... Loading depends on your connection speed!

Carrito de la compra - 0,00

LA METEOROLOGÍA EN “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”: UN VIAJE POR LA TIERRA MEDIA ( y V).

Afrontamos ya el último capítulo de nuestro viaje meteorológico por la Tierra Media. En el último cuarto de esta obra son innumerables las referencias meteorológicas a las que hace referencia Tolkien, pero claro, no podemos nombrarlas todas.

La ventana abierta al oeste por la que los hobbits ven atardecer a través de una cascada, o el rayo de sol que ilumina la corona de flores en la cabeza del rey caído, cuando los protagonistas cruzan la Encrucijada, son dos ejemplos. El Oeste, como símbolo de mejores tiempos pasados, o como símbolo de la tierra prometida una vez perdida, siempre está muy presente en “El Señor de los Anillos”.

 

La puesta de sol tras la cascada

Los hobbits llegan a un refugio secreto, tras una cascada, a través de la cual ven el sol poniente. Al ser el mes de marzo, efectivamente, el sol se debería poner aproximadamente por el oeste geográfico.

No obstante, antes de entrar en el último pasaje de esta serie de post, describiremos un fenómeno pseudo-meteorológico visto desde dos sitios diferentes, separados cientos de kilómetros.

El desarrollo de la misión llega a su culmen con la caída de la Torre Oscura. El autor la describe así vista desde la Puerta Negra, mirando desde el norte hacia el sur:

” Y al volver la mirada hacia el sur, hacia el país de Mordor, los Capitanes creyeron ver, negra contra el palio de las nubes, una inmensa forma de sombra impenetrable, coronada de relámpagos, que invadía toda la bóveda del cielo; se desplegó gigantesca sobre el mundo, y tendió hacia ellos una gran mano amenazadora, terrible pero impotente: porque en el momento mismo en que un viento fuerte la arrastró y la disipó; y siguió un silencio profundo.”

La destrucción del poder del mal se representa aquí por una gran nube de tormenta, situada a unos 150 kilómetros, nube que pierde todo su poder cuando un viento fuerte la arrastra y la deshace (Tolkien no lo dice, pero seguro que era un viento del oeste).

La misma escena, pero vista desde Minas Tirith (a la misma distancia, pero mirando en una línea suroeste-noreste), la tenemos aquí:

“Entonces, de improviso, les pareció que por encima de las crestas de las montañas distantes se alzaba otra enorme montaña de oscuridad envuelta en relámpagos, se agigantaba y ondulaba como una marea que quisiera devorar el mundo. Un temblor estremeció la tierra y los muros de la ciudad trepidaron. Un sonido semejante a un suspiro se elevó desde los campos de alrededor, y de pronto los corazones les latieron de nuevo.”

 

Una gran nube de tormenta, terriblemente grande y terriblemente amenazadora, como imagen del mal.

Una gran nube de tormenta, terriblemente grande y terriblemente amenazadora, como imagen del mal. Pero el viento del oeste se encarga de deshacerla. Meteorología y fantasía al servicio del lector.

Así acaba este fenómeno meteorológico, mezcla de ciencia y de fantasía. Nuestros protagonistas regresan, así pues, a su hogar, y ya sólo les queda una cosa por hacer: restaurar su país para dejarlo tal y como estaba antes de la Guerra del Anillo.

Y Sam, uno de los protagonistas, recuerda que tiene una pequeña caja con un cierto abono y una semilla de mallorn (una especie de árbol), por lo que se pone manos a la obra, sembrando y abonando…

 

La Comarca vuelve a ser el lugar fértil tras una primavera en la que, al decir del autor, las condiciones meteorológicas fueron las adecuadas en cada momento. Y un poco de magia, reliquia de tiempos pasados, también.

La Comarca vuelve a ser el lugar fértil tras una primavera en la que, al decir del autor, las condiciones meteorológicas fueron las adecuadas en cada momento. Y un poco de magia, reliquia de tiempos pasados, también.

“Entonces Sam plantó retoños en todos aquellos lugares en donde antes había árboles especialmente hermosos o queridos, y puso un grano del precioso polvo en la tierra, junto a la raíz. Recorrió la Comarca, a lo largo y a lo ancho, haciendo este trabajo, y si prestaba mayor cuidado a Delagua y a Hobbiton nadie se lo reprochaba. Y al terminar, descubrió que aún le quedaba un poco del polvo, y fue a la Piedra de las Tres Cuadernas, que es por así decir el centro de la Comarca, y lo arrojó al aire con su bendición. Y la pequeña almendra de plata, la plantó en el Campo de la Fiesta, allí donde antes se erguía el árbol; y se preguntó qué planta crecería. Durante todo el invierno esperó tan pacientemente como pudo, tratando de contenerse para no ir a ver a cada rato si algo ocurría. La primavera colmó con creces las más locas esperanzas de Sam. En su propio jardín los árboles comenzaron a brotar y a crecer como si el tiempo mismo tuviese prisa y quisiera vivir veinte años en uno.
En el Campo de la Fiesta despuntó un hermoso retoño: tenía la corteza plateada y hojas largas y se cubrió de flores doradas en abril. Era en verdad un mallorn, y la admiración de todos los vecinos. En años sucesivos, a medida que crecía en gracia y belleza, la fama del árbol se extendió por todos los confines de la Comarca y la gente hacía largos viajes para ir a verlo; el único mallorn al oeste de las Montañas y al este del Mar, y uno de los más hermosos del mundo.
Desde todo punto de vista, 1420 fue en la Comarca un año maravilloso. No sólo hubo un sol esplendente y lluvias deliciosas, en los momentos oportunos y en proporciones perfectas; una atmósfera de riqueza y de prosperidad, una belleza radiante, superior a la de esos veranos mortales que en esta Tierra Media centellean un instante y se desvanecen. […]

Hubo tal cosecha de frutos que los hobbits jóvenes nadaban por así decir en fresas con crema; e iban luego a sentarse en los prados a la sombra de los ciruelos y comían hasta que los huesos de las frutas se apilaban en pequeñas pirámides, o como cráneos amontonados por un conquistador, y así continuaban. Y ninguno se enfermaba, y todos estaban contentos, excepto aquellos que tenían que segar los pastos.

En las viñas de la Cuaderna del Sur pesaban los racimos, y la cosecha de «hoja» fue asombrosa; y hubo tanto trigo que para la siega todos los graneros estaban abarrotados. La cebada de la Cuaderna del Norte fue tan excelente que la cerveza de 1420 quedó grabada en la memoria de todos durante largos años, y llegó a ser un dicho proverbial. Y así una generación más tarde no era raro que un viejo campesino al dejar el pichel sobre la mesa de una taberna, luego de beber una pinta de cerveza bien ganada, exclamara con un suspiro:
— ¡Ah, ésta sí que era una auténtica 1420!”.

 

Y así acaba el viaje de nuestros fatigados compañeros. Y así acaba nuestro viaje repasando la meteorología de la Tierra Media. Es “El Señor de los anillos” un libro delicioso y adecuado, más allá de la épica, las guerras y los anillos, para imaginar con calma los paisajes que nos pinta J.R.R. Tolkien. Descripciones de paisajes aderezados con innumerables alusiones a la meteorología.

Si no ha leído usted esta obra, hágalo. Olvídese de películas, juegos de mesa y demás material satélite aparecidos al calor del libro, y léalo tranquilamente. Mi mente de niño-adolescente lo recuerda, en mi primera vez, como el mejor libro que jamás he leído. Y eso es lo que cuenta, cuando hablas de libros.

Y si no lo ha leído usted, ¿a qué espera?.

 

Leave a Comment