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LA METEOROLOGÍA EN “EL SEÑOR DE LOS ANILLOS”: UN VIAJE POR LA TIERRA MEDIA (IV).

Sigue nuestro viaje meteorológico por la Tierra Media…

Tras el emocionante final del anterior capítulo, en el que la meteorología vence a nuestros protagonistas, nuestra Comunidad del Anillo se ve obligada a tomar otro camino para cruzar las Montañas Nubladas. Y, tras más aventuras, los protagonistas descienden hacia el sur por el Anduin, el Río Grande, que parte en dos la Tierra Media. Este río se alimenta de los ríos que nacen en las Montañas Grises, las Montañas Nubladas y las Montañas Blancas. Así, después de ciertos acontecimientos, dos de los miembros de esta Comunidad se ven en la tesitura de tener que descender las colinas de Emyn Muil, en su viaje hacia el sur.

“Los hobbits se encontraban ahora en la orilla de un alto acantilado, desolado y desnudo, envuelto a los pies en una espesa niebla; a espaldas de ellos se erguían las cadenas de montañas coronadas de nubes fugitivas. Un viento glacial soplaba desde el este. Ante ellos la noche se cerraba sobre un paisaje informe; el verde malsano se transformaba en un pardo sombrío. Lejos, a la derecha, el Anduin, que durante el día había centelleado de tanto en tanto, cada vez que el sol aparecía entre las nubes, estaba ahora oculto en las sombras. Pero los ojos de los hobbits no miraban más allá del río, no se volvían hacia Gondor, hacia sus amigos, hacia la tierra de los hombres. Escudriñaban la orilla de sombras del sur y el este por donde la noche avanzaba, allí donde se insinuaba una línea oscura, como montañas distantes de humo inmóvil. De vez en cuando un diminuto resplandor rojo titilaba allá lejos en los confines del cielo y la tierra…”
Así debían ser, sí, las Emyn Muil. Nada de unas bucólicas colinitas, no. Difícil acceso y peor salida. ¿Obstáculos para ir hacia el este?.

Así debían ser, sí, las Emyn Muil. Nada de unas bucólicas colinitas, no. Difícil acceso y peor salida. ¿Obstáculos para ir hacia el sur?.

Nubes fugitivas, niebla espesa, viento glacial… Pudiera parecer que dos de estos fenómenos, el viento glacial y la espesa niebla, no “pegarían” mucho en una determinada situación. Pero claro, la acción se desarrolla en una entorno arisco, seco y desolado, por lo que el autor quiere impregnarnos, poco a poco, en la desesperación que sienten los protagonistas.
Pues bien, los dos protagonistas de esta parte de la historia siguen buscando la manera de descender de estas colinas, pero misteriosamente parece que el mismo relieve se lo impide, llevándoles hacia donde no quieren ir. Finalmente se deciden a bajar por las buenas…
“- Y si vamos a intentar el descenso, más vale que lo intentemos ahora mismo. Está oscureciendo temprano. Creo que se avecina una tormenta. En el oeste, los contornos ya borrosos de las montañas se diluían en una oscuridad más profunda que ya comenzaba a extender unos brazos largos hacia el oeste. Sopló una brisa que trajo de lejos el murmullo del trueno. Frodo husmeó el aire y observó el cielo con una expresión de incertidumbre…”.
¿Quién no ha experimentado la maravillosa sensación de escuchar el primer trueno de una tormenta, a lo lejos, sabiendo que viene hacia nuestra posición?. Los “brazos largos” de esta tormenta son, sin duda, el yunque del cumulonimbo correspondiente. Dijimos que la Tierra Media tiene establecida la circulación del oeste, como nuestro Hemisferio Norte, por lo que las borrascas, normalmente, viajan desde el oeste hacia el este. Sin embargo, esta tormenta avanza desde el este hacia el oeste. Cosas de la épica, teniendo en cuenta que Tolkien desarrolló no sólo una geografía, sino también una climatología, y sabía de lo que hablaba.
Sin salida hacia donde ellos quieren ir, a los hobbits no les queda más opción que descolgarse por el lugar menos inclinado...

Sin salida hacia donde ellos quieren ir, a los hobbits no les queda más opción que descolgarse por el lugar menos inclinado…

“Aferrándose con los dedos al borde del precipicio se dejó caer lentamente y cuando ya tenía los brazos estirados, los pies encontraron una cornisa.
– ¡Un primer paso! – dijo -. Y esta cornisa se ensancha a la derecha. Podría mantenerme en pie sin sujetarme con las manos. Iré… – la frase fue bruscamente interrumpida.
 La oscuridad que avanzaba veloz y se extendía rápidamente, se precipitó desde el este devorando el cielo. El estampido seco y fragoroso de un trueno resonó en lo alto. Los relámpagos restallaron entre las colinas. Luego sopló una ráfaga huracanada, y simultáneamente, mezclado con el rugido del viento, se oyó un grito agudo y penetrante. Los hobbits habían escuchado el mismo grito allá lejos en elMarjal cuando huían de Hobbiton, y ya entonces, en los bosques de la Comarca, les había helado la sangre. Aquí, en el desierto, el terror que inspiraba era mucho mayor: unos cuchillos helados de horror y desesperación los atravesaban paralizándoles el corazón y el aliento. Sam se echó al suelo de bruces.
Involuntariamente, Frodo soltó las manos del borde para cubrirse la cabeza y las orejas. Vaciló, resbaló y con un grito desgarrador desapareció en el abismo…”
Llega la tormenta, sin previo aviso (teniendo en cuenta que los protagonistas estaban atentos a otra cosa), y con ella, lo sobrenatural. Así, Tolkien representa cómo, a lomos de un fenómeno meteorológico, el verdadero mal llega hasta ellos.
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Frodo intenta salir del atolladero en el que se ha metido, antes de que la lluvia llegue y las cosas se pongan más difíciles.

“Le pareció que el viento le devolvía la voz a la garganta; pero mientras el aire pasaba, rugiendo, a través de la hondonada y se alejaba sobre las colinas, llevó a oídos de Sam un apagado grito de respuesta…”.
Sin duda, los protagonistas tienen delante un desplome de aire, una ráfaga descendente, típica de las grandes tormentas.
Volvió a retumbar el trueno y empezó a llover a torrentes. Una cortina de agua y granizo enceguecedora y helada azotaba la roca…“.
Aquí y en el siguiente párrafo tenemos la confirmación de que los hobbits están bajo una gran tormenta. ¿Una supercélula?.
El trueno retumbaba y rugía en lontananza, y la lluvia seguía cayendo, torrencial. Los hobbits volvieron a arrastrarse al interior de la garganta en busca de reparo; no encontraron ninguno. El agua que descendía en arroyuelos no tardó en convertirse en un torrente espumoso que se estrellaba contra las rocas antes de precipitarse a chorros desde el acantilado como desde el alero de una enorme techumbre. -Si me hubiese quedado allá abajo, ya estaría casi ahogado, o el agua me habría arrastrado no sé dónde- dijo Frodo-“.
La cantidad de agua que empieza a acumularse en el breve espacio en el que los protagonistas preparan su medio de rescate es significativa de cómo llueve. Intensidades muy altas, sin duda.
Finalmente, y como ocurre siempre, la tormenta pasa, y así nos lo cuenta el autor.
Así, con ayuda de una cuerda, nuestros protagonistas salen de este "brete", en palabras de uno de ellos. No es, sin embargo, el menor de los peligros que afrontarán.

Así, con ayuda de una cuerda, nuestros protagonistas salen de este “brete”, en palabras de uno de ellos. No es, sin embargo, el menor de los peligros que afrontarán…

“Miró a lo lejos. El cielo estaba casi límpido en el este. Los nubarrones se alejaban, tempestuosos y cargados de lluvia, y la batalla principal extendía ahora las grandes alas sobre Emyn Muil; allí el pensamiento sombrío de Sauron se detuvo un momento. Luego se volvió, golpeando el valle de Anduin con granizo y relámpagos, y arrojando sobre Minas Tirith una sombra que amenazaba guerra.
Entonces, descendiendo a las montañas, pasó lentamente sobre Gondor y los confines de Rohan, hasta que a lo lejos, mientras cabalgaban por la llanura rumbo al oeste, los caballeros vieron las torres negras que se movían detrás del sol. Pero aquí, sobre el desierto y sobre las ciénagas hediondas, el cielo de la noche se abrió una vez más, y unas estrellas titilaron como pequeños agujeros blancos en el palio que cubría la luna creciente…”
 
Magnífico final literario para esta tormenta, sin duda. El poder maléfico, que es sin duda el que genera esta tormenta, la dirige aquí y allá, tras acobardar a nuestros amigos, con un movimiento errático (típico de una super célula, en definitiva), para poder ver sin ser visto.
Y, finalmente, vuelven a brillar las estrellas.
Bonito pasaje el que nos deja Tolkien, sin duda un autor que refleja su amor por la geografía y, por ende, por la meteorología.
Espero que os haya resultado entretenido. Hasta la próxima.

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