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La meteorología en “El Señor de los Anillos”: un viaje por la Tierra Media (III).

Habíamos dejado a nuestros amigos hobbits en el Camino del Oeste, camino de Bree, tras haber permanecido unos días, bajo la lluvia, con Tom Bombadil. Veamos ahora un pasaje en el que entra en juego la nieve.

NIEVE (“La Comunidad del Anillo”, libro segundo, capítulo 3).

Esta compañía de cuatro hobbits pronto se convierte en la Compañía del Anillo y, tras pasar por Rivendel, emprenden la marcha hacia el Sur, con la intención de cruzar la cordillera de las Montañas Nubladas por el Paso del Cuerno Rojo. La época del año es el otoño. Las noches ya son frías, y este frío nocturno aumenta conforme avanzan hacia estas montañas. Aquí retomamos el hilo del narrador:

“En la tercera mañana el Caradhras se elevaba ante ellos, una cima majestuosa, coronada de nieve plateada, pero de faldas desnudas y abruptas, de un rojo cobrizo, como tinto en sangre. El cielo parecía negro y el sol era pálido. El viento había cambiado ahora al nordeste. Gandalf husmeó el aire y se volvió.
– El invierno avanza detrás de nosotros -le dijo en voz baja a Aragorn-. Las cimas aquellas del norte están más blancas; la nieve ha descendido a las estribaciones. Esta noche estaremos ya a bastante altura, camino del Cuerno Rojo. En ese camino angosto es muy posible que nos vean y quizá nos tiendan alguna trampa; pero creo que el mal tiempo será nuestro peor enemigo.”
Siempre me ha parecido una silueta muy adecuada para el cruel Caradhras.

Siempre me ha parecido una silueta muy adecuada para el cruel Caradhras.

 

“- Por los signos que hemos visto últimamente -dijo Gandalf-, temo que estén vigilando la entrada del Cuerno Rojo, y tengo mis dudas sobre el tiempo que está preparándose ahí detrás. Puede haber nieve. Tenemos que viajar lo más rápido posible. Aun así necesitaremos dos jornadas de marcha para llegar a la cima del paso.”
Nada presagia lo que va a pasar. Como dice Gandalf (que, como persona con múltiples dones, también sabe de meteorología), el invierno corre detrás de ellos, y puede nevar. Pero el Paso del Cuerno Rojo debe estar expedito…
“La noche estaba oscura, bajo un cielo nublado. Un viento helado se abría paso entre las rocas. A medianoche habían llegado a las faldas de las grandes montañas. […] Treparon trabajosamente por una cuesta empinada y se detuvieron arriba un momento. Frodo sintió que algo blando le tocaba la mejilla. Extendió el brazo y vio que unos diminutos copos de nieve se le posaban en la manga. Continuaron. Pero poco después la nieve caía apretadamente, arremolinándose ante los ojos de Frodo. Apenas podía ver las figurassombrías y encorvadas de Gandalf y Aragorn, que marchaban delante a uno o dos pasos…”
Se hacía trabajoso el andar, pero los caminantes seguían en marcha.

Se hacía trabajoso el andar, pero los caminantes seguían en marcha.

Hasta aquí no hay novedad. Nieva. Nevada intensa, pero nada fuera de lo normal.
“Gandalf se detuvo. La nieve se le acumulaba sobre la capucha y los hombros y le llegaba ya a los tobillos. -Esto es lo que me temía- dijo. ¿Qué opinas ahora, Aragorn?- También yo lo temía -respondió Aragorn-, pero menos que otras cosas. Conozco el riesgo de la nieve, aunque pocas veces cae copiosamente tan al sur, excepto en las alturas. Pero no estamos aún muy arriba; estamos bastante abajo, donde los pasos no se cierran casi nunca en el invierno. -Me pregunto si no será una treta del enemigo -dijo Boromir-. Dicen en mi país que él comanda las tormentas en las Montañas de Sombra que rodean a Mordor. Dispone de raros poderes y de muchos aliados. -El brazo le ha crecido de veras -dijo Gimli- si puede traer nieve desde el norte para molestarnos aquí a trescientas leguas de distancia…”
Aquí se presenta la posibilidad, por primera vez, de que no sea sólo la meteorología la causante de esta gran nevada. Del mismo modo que la niebla se convierte en protectora cuando huyen del enemigo en la Balsadera (véase entrada en el blog), aquí parece que la nieve empieza a convertirse en un problema. Y vemos que no sólo influye la meteorología en el siguiente párrafo.
“Mientras estaban allí detenidos, el viento amainó y la nieve disminuyó hasta cesar casi del todo. Echaron a caminar otra vez. Pero no habían avanzado mucho cuando la tormenta volvió con renovada furia. El viento silbaba y la nieve se convirtió en una cellisca enceguecedora. Pronto aun para Boromir fue difícil continuar. Los hobbits, doblando el cuerpo, iban detrás de los más altos, pero era obvio que no podrían seguir así, si continuaba nevando…”
Es decir, que la nevada pierde intensidad cuando están decidiendo el próximo paso a dar, como si alguien estuviera escuchando, o como si sólo hiciera falta una gran nevada para dificultar el avance.
La Compañia busca un refugio ante la intensidad de la, ahora ya, tormenta de nieve.

La Compañia busca un refugio ante la intensidad de la, ahora ya, tormenta de nieve.

 

Pensemos que las grandes nevadas, como la de este pasado invierno en nuestro pirineo, dejó 1 metro de nieve en 24 horas, lo que podemos considerar algo extraordinario. Pero, tal y como narra Tolkien, incluso Boromir, el más corpulento de los componentes, no podía avanzar entre tanta nieve.

“O nos detenemos aquí mismo, o retrocedemos -dijo Gandalf-. No conviene continuar. Apenas un poco más arriba, si mal no recuerdo, el sendero deja el acantilado y corre por una ancha hondonada al pie de una pendiente larga y abrupta. Nada nos defenderá allí de la nieve, o las piedras, o
cualquier otra cosa. -Y no conviene volver mientras arrecia la tormenta- dijo Aragorn-. No hemos pasado hasta ahora por ningún sitio que nos ofrezca un refugio mejor…”
La Compañía del Anillo busca refugio para no morir enterrada.

La Compañía del Anillo busca refugio para no morir enterrada.

Así pues, deciden guarecerse y encender un fuego, mientras la nieve cae de manera incesante. Así, finalmente, llega el amanecer, y el espectáculo que encuentran es totalmente diferente al que habían visto la tarde anterior.
“Muy lentamente, una luz pálida comenzó a insinuarse. Al fin la nieve dejó de caer. A medida que aumentaba, la luz iba descubriendo un mundo silencioso y amortajado. Desde la altura del refugio se veían abismos informes y jorobas y cúpulas blancas que ocultaban el camino por dondehabían venido; pero unas grandes nubes, todavía pesadas, amenazando nieve, envolvían las cimas más altas. […] La retirada era ahora difícil, quizás imposible. Sólo a unos pocos pasos de la ceniza de la hoguera, la capa de nieve era de varios pies, más alta que los hobbits; en algunos sitios el viento la había amontonado contra la pared…”
Comienzan la retirada, no sin dificultades. En palabras de Legolas la nieve es lo suficientemente espesa para que los hombres puedan morir enterrados.
Así pues, muy trabajosamente, descienden. Y llegan a un punto en el que se encuentran un auténtico muro de nieve, obstáculo final de la montaña para evitar su retirada.
“Llegaron al fin a la barrera de nieve. Cruzaba el sendero montañoso como una pared inesperada y desnuda, y el borde superior, afilado, como tallado a cuchillo, se elevaba a una altura dos veces mayor que Boromir, pero por el medio corría un pasaje que subía y bajaba como un puente. Merry y Pippin fueron depositados en el suelo, del otro lado y allí esperaron con Legolas a que llegara el resto de la Compañía […]. Al fin llegó Aragorn, con Frodo. Vinieron por la senda, pero apenas Frodo había tocado el suelo cuando se oyó un gruñido sordo y una cascada de piedras y nieve se precipitó detrás de ellos. La polvareda encegueció casi a la Compañía mientras se acurrucaban contra la

pared, y cuando el aire se aclaró vieron que el sendero por donde habían venido estaba ahora bloqueado. -¡Basta! ¡Basta! -gritó Gimli-. ¡Nos iremos lo antes posible!. Y en verdad con este último golpe la malicia de la montaña pareció agotarse, como si a Caradhras le bastara que los invasores hubiesen sido rechazados y que no se atrevieran a volver. La amenaza de nieve pasó; las nubes empezaron a abrirse y la luz aumentó…”
Poco más se puede añadir. La montaña rechaza el paso de los viajeros, desatando una auténtica tormenta de nieve, que aumenta o disminuye de intensidad según aquellos muestran una u otra opinión. Y, al final, la meteorología gana, una vez más.
Pues este es el capítulo que nos tocaba repasar hoy. Dejamos a los viajeros exhaustos y derrotados.
Seguimos el viaje.

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