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La meteorología en “El Señor de los Anillos”: un viaje por la Tierra Media (I).

“El Señor de los Anillos” es una novela de fantasía épica publicada por J.R.R. Tolkien en 1954, y que no es más que el final de toda una mitología creada por el autor en torno a 1917. Publicada por Unwin & Allen Editors, pronto se convirtió en una novela de culto para millones de personas teniendo, hasta el día de hoy, multitud de grupos de fans, series, películas, libros y más libros… Sin duda, El Señor de los Anillos abrió la puerta a todo la literatura fantástica que conocemos hoy.

Como decimos, este libro es el final del argumento de toda una mitología creada por Tolkien, cuya máxima expresión encontramos en “El Silmarillion”, aunque”El Señor de los Anillos” fue inicialmente escrito como una continuación de “El Hobbit”, libro infantil, desde luego.

Así pues, la fama de esta creación pronto superó a “El Hobbit” y a “El Silmarillion”, originando todo un universo a su alrededor que fue germen de autores y obras que siguieron la estela del autor nacido en Sudáfrica.

En este pequeño artículo queremos rendir un homenaje (uno más de los que ya se le han hecho) a Tolkien y su obra maestra, en forma de repaso a los diferentes escenarios meteorológicos que nos encontramos en el mismo. Iremos viendo dónde, cuándo, y por qué. Comencemos.

“El Señor de los Anillos” transcurre en una tierra imaginaria, llamada la Tierra Media, que podríamos situar en el Hemisferio Norte. ¿Por qué?. Pues porque Tolkien nos habla de tierras frías en el Norte, con un tiempo duro en invierno (con inviernos que todos recuerdan, como aquél en el que el río Brandivino se heló).

Brandivino

Una imagen del Puente sobre el Brandivino (también Baranduin). Fuente: photobucket.

 

Rigores invernales que disminuyen a medida que nos desplazamos hacia el sur, donde la Bahía de Belfalas disfruta de inviernos suaves y veranos calurosos, con playas de suaves arenas y gaviotas que gimen recordando al mar. Así pues, lobos en el norte y gaviotas en el sur.

Belfalas

La Bahía del Belfalas, al sur de la Tierra Media, abierta al Oeste, tal y como la imaginó Tolkien.

 

El Sol (¿o deberíamos decir Eärendil el Marinero?) sale por el Este, y se pone por el Oeste, y son los frentes del oeste los que, cargados de agua de Belegaer (el Gran Mar), se precipitan hacia Eriador. Con todo esto, la lectura, para alguien aficionado a la meteorología, como yo, es grata y placentera, ya que todo lo que sucede, desde el punto de vista meteorológico, nos parece enormemente familiar.

Bueno, pues para no liarnos más vayamos al grano. No vamos a narrar aquí la historia completa, no le vayamos a chafar la idea a alguno que no se lo haya leído aún (si queda alguien).

 

NIEBLA (“La Comunidad del Anillo”, libro primero, capítulo 4).

En esta primera parte del libro tenemos un interesante y emocionante episodio en el que la niebla juega un papel protagonista. Aquí va:

“… Maggot descendió y miró a ambos lados, norte y sur, pero no se veía nada en laoscuridad y no se oía ningún sonido en el aire quieto. Unas delgadas columnas de niebla flotaban sobre las zanjas y se arrastraban por los campos.

-La niebla será espesa -dijo Maggot-, pero no encenderé mis faroles hasta dejarlos a ustedes. Oiremos cualquier cosa en el camino, antes de tropezarnos con ella esta noche…”

“El carro le parecía a Frodo más lento que un caracol. junto a él, Pippin cabeceaba soñoliento, pero Sam clavaba los ojos en la niebla que se alzaba delante. Por fin llegaron a la entrada de Balsadera, señalada por dos postes blancos que asomaron de pronto a la derecha del camino. El granjero Maggot sujetó los poneys y el carro se detuvo. Estaban comenzando a descargar cuando oyeron lo que tanto temían: unos cascos en el camino allá más adelante. El sonido venía hacia ellos.
Maggot bajó de un salto y sostuvo firmemente la cabeza de los poneys, escudriñando la oscuridad. Clip-clop, clip-clop; el jinete se acercaba. El golpe de los cascos resonaba en el aire callado y neblinoso.
-Es mejor que se oculte, señor Frodo -dijo Sam ansiosamente-. Usted acuéstese en la cama y cúbrase con la manta. ¡Nosotros nos ocuparemos del jinete!.
Bajó y se unió al granjero. Los Jinetes Negros tendrían que pasar por encima de él para acercarse a la carreta. Clip-clop, clip-clop.
El jinete estaba casi sobre ellos.
-¡Eh, ahí! -llamó el granjero Maggot.
El ruido de cascos se detuvo. Creyeron vislumbrar entre la bruma una sombra oscura y embozada, uno o dos metros más adelante.
-¡Cuidado! -dijo el granjero arrojándole las riendas a Sam y adelantándose-. ¡No dé ni un paso más! ¿Qué busca y a dónde va?.
-Busco al señor Bolsón, ¿lo ha visto? -dijo una voz apagada: la voz de Merry Brandigamo. Se encendió una linterna y la luz cayó sobre la cara asombrada del granjero.
-¡Señor Merry! -gritó.-
¡Sí, por supuesto! ¿Quién creía que era? -exclamó Merry acercándose.
Cuando Merry salió de la bruma y los temores de los otros se apaciguaron, pareció que la figura se le empequeñecía hasta tener la talla común de un hobbit. Iba montado en un poney y una bufanda que le envolvía el cuello hasta la barbilla le protegía de la niebla…”.
Este episodio no tendría el mismo interés si no hubiera estado la niebla presente. El temor, más bien el miedo, de los protagonistas a encontrarse con sus perseguidores hace que la tensión de la situación vaya en aumento conforme avanza la escena, porque los protagonistas ya saben que el enemigo no es precisamente pequeño. Y la deformidad que aporta la niebla a las formas provoca que la incertidumbre sea máxima.
Un poco más adelante encontramos el siguiente pasaje:
“…Los cuatro hobbits dejaron la balsa. Merry estaba amarrándola y Pippin guiaba el poney sendero arriba, cuando Sam (quien había mirado atrás, como despidiéndose de la Comarca) dijo en un ronco murmullo:

-¡Mire atrás, señor Frodo! ¿No ve algo?.
En el otro atracadero, bajo lámparas distantes, alcanzaron a vislumbrar apenas una figura; parecía un bulto negro abandonado allí. Pero mientras miraban les pareció que se movía de un lado a otro, como escudriñando el suelo. Luego se arrastró, o retrocedió agachándose, de vuelta a la oscuridad, más allá de las lámparas.
-¿Qué díantres es eso? – exclamó Merry.
– Algo que viene siguiéndonos -dijo Frodo-. No preguntes más por ahora. Escapemos de aquí en seguida.-
Subieron por el sendero hasta lo alto de la barranca, pero cuando miraron atrás la niebla cubría la orilla, y no se veía nada…”
Balsadera

Para la adaptación cinematográfica se tuvo que quitar algo de niebla, claro. ¡Si no, no se habría visto nada!. El enemigo, en el amarradero.

Veremos, en este episodio y en los siguientes, cómo la meteorología aporta a “El Señor de los Anillos” el halo de misterio necesario para mantener la emoción, interponer obstáculos o facilitar acontecimientos en el discurrir de la acción.
Continuará…

 

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