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“Dios de la lluvia”: El Último de la Fila (I).

El Último de la Fila, grupo mítico donde los haya (el que me conozca un poco sabe de qué pie cojeo) popularizó canciones que se convirtieron en mitos entre los años 1985 y 1995, momento en que el grupo se disolvió. Junto a Mecano, sin duda fueron los grupos más exitosos de esa década (no diré yo cuál lo fue más, claro).

Tanto en toda esta singladura como en los posteriores trabajos de Quimi Portet y Manolo García (los fundadores del grupo), los temas relacionados con la naturaleza, el campo y todo aquello que uno puede observar si sale de la ciudad y se sienta en una piedra a observar fueron casi un elemento en común.

En el año 1988 el Último de la Fila publicó el disco “Como la cabeza al sombrero”, disco que supone un antes y un después en su carrera, ya que el grupo pasó de ser muy conocido a ser un grupo de referencia en España, llenando plazas de toros en la misma ciudad días consecutivos.

En este disco tenemos la canción “Dios de la lluvia”, una auténtica oda al meteoro de la lluvia, y cuya letra viene y va entre los recuerdos de tiempos pasados más felices, los tiempos de la niñez en los que está muy presente el recuerdo de la lluvia.

 

A continuación os dejamos la letra de esta canción con una serie de comentarios sobre lo que yo creo que quiere significar el autor.

 

En la primera estrofa el cantante pide la lluvia (“…apiádate de las bestias y de mí…”), contando que el mundo sin lluvia es un mundo “polvoriento y gris, hecho a medida del triste reptil”. Así pues, si no llueve, se pierde el recuerdo de un campo fresco y alegre (“…se desdibuja en mi memoria la umbría vereda que tantas veces recorrí…”).

Dios de la lluvia apiádate de las bestias y de mí.
Vino tu llanto a redimir un mundo polvoriento y gris
hecho a medida del triste reptil.
Seguí la luz y te perdí, desde ese día rezaré
para que vuelvas envuelto en tu bruma.
Dejé a mi niña, dulce abril,
entre aire de fresas y jazmín;
se desdibuja en mi memoria
la umbría vereda que tantas veces recorrí.

 

En la segunda estrofa, el cantante recuerda sus tiempos infantiles, más felices sin duda (“Maldito el día en que crecí, dejando atrás el sueño aquél…”), y en los que recuerda, como algo muy feliz, la lluvia (“Antiguos aromas flotando en el aire…”).

Antiguos aromas flotando en el aire,
espíritu de la bruma, no volverán.
Ríe mi niña flotando en el suelo;
Dios de la lluvia, devuélveme al ayer.
Maldito el día en que crecí
dejando atrás el sueño aquel
del dulce mundo en que aprendí
el dificil arte de vivir.

 

En esta tercera estrofa sin duda tenemos las frases más entregadas al amor por la lluvia, ya que frases como “Dios de la lluvia, abrázame, y bajo tus nubes volveré a considerar las múltiples formas de besar el aire bañado en tu perfume singular…”

Entre los campos verdes de abril,
lejos del mundo, muy cerca de ti.
Dios de la lluvia abrázame
y bajo tus nubes volveré a considerar
las múltiples formas de besar
el aire bañado en tu perfume singular
de antiguos aromas flotando en el aire
espíritu de la bruma, no volverán.

Ríe mi niña flotando entre helechos
Dios de la lluvia devuélveme al ayer
Dios de la lluvia apiádate
de las bestias y de mí, pobre mortal.

 

Bonita canción, a mi entender, aunque claro, qué voy a decir yo…

¿Queréis oírla?. Pues nada, prestad vuestros oídos unos minutos y disfrutad.

 

 

 

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