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Cirrocúmulos para empezar el verano. Valencia, 21 de junio.

Comienza hoy el verano y con él, en Valencia, comienza un periodo de tiempo meteorológico bastante monótono. Sol, presiones normales (ni altas ni bajas, realmente), y predominio de las brisas de mediodía, que suavizan nuestras temperaturas hasta decenas de kilómetros tierra adentro, en ocasiones.

Las tormentas de verano son la única nota de variación que podemos encontrar los que vivimos junto al mar, y no porque las suframos o disfrutemos, sino porque siempre es bonito contemplar esos inmensos torreones de diez o doce kilómetros de altura a muchos kilómetros de distancia.

Aquel cumulonimbo se encuentra a más de 80 kilómetros de la posición del observador... ¡casi nada!.

Este cumulonimbo se encontraba a más de 80 kilómetros de la posición del observador… ¡casi nada!. La bruma de las capas de aire más pegadas a la superficie nos impide ver desde aquí la base de la nube, pero no así su parte superior. La nube llega a la tropopausa, discontinuidad entre troposfera y estratosfera, y los fuertes vientos de la corriente en chorro empujan la nube en dirección oeste, dejando a su parte superior con esa característica forma de penacho o yunque (de ahí la denominación “incus” en latín).

 

 

Estas nubes, en su mayoría, crecen en la provincia de Teruel (y nos referimos a las que están “siempre”, muchas de las tardes de verano) y en su viaje hacia el oeste, como toca en nuestro Hemisferio norte, entran en la provincia de Castellón y, otras veces, llegan a última hora de la tarde a la costa, dejando algunas precipitaciones. En caso contrario, son los cirros procedentes de sus yunques los que acaban pasando por encima de nuestra cabeza.

Pero bueno, se nos ha ido de las manos el objeto de este pequeño artículo, que no era otro que mostraros el bonito parche de cirrocúmulos que nos visita esta tarde. Al viajar aislados, como ocurre con los cirros, debemos concluir que no responden a ningún próximo cambio de tiempo, sino más bien al resultado del calentamiento del sol, como pasa en estas fechas. Esto, junto con -eso sí- un poquitín de aire frío, nos deja este quiero-y-no-puedo vespertino. Y aquí os dejamos estas imágenes, que echan de menos un mejor dispositivo fotográfico. Todo llegará…

 

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Los cirrocúmulos son nubes altas formadas por cristales de hielo. Aquí vemos el borde sur de la capa que hemos fotografiado esta tarde.

 

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Un rasgo que permite distinguir a los cirrocúmulos de los cirros al ojo poco avezado es que aquél presenta pequeñas “subformaciones” en forma de ondas, rollos o “borreguitos” claramente identificables.

 

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Estructuras cumuliformes en el borde norte de la capa de cirrocúmulos. Desde Valencia mirando hacia el Alto Turia.

 

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Detalle en el que podemos ver, centrado y algo a la derecha, pequeñas ondulaciones típicas de este género de nube.

 

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Típico “cielo aborregado” debido a la presencia de cirrocúmulos. Cuando este tipo de cielo cubre gran parte de cielo o lo vemos avanzar de manera más organizada entonces estamos frente a un cambio de tiempo. No es el caso.

 

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Otra característica por la que podemos distinguir el cirrocúmulo del altocúmulo es que el altocúmulo tiene sombra propia en cada una de sus unidades, mientras que el cirrocúmulo no. Podríamos decir que estos cirrocúmulos tienen sombra propia, pero si los comparásemos con unos altocúmulos veríamos que no.

 

Otro aspecto de este pequeño cielo "aborregado". Cuando el cielo aborregado o empedrado está formado por altocúmulos, generalmente se aprecian espacios de cielo azul entre sus unidades.

Otro aspecto de este pequeño cielo “aborregado”. Cuando el cielo aborregado o empedrado está formado por altocúmulos, generalmente se aprecian espacios de cielo azul entre sus unidades.

 

El cielo siempre nos enseña cosas sobre el funcionamiento de la atmósfera y los cambios de tiempo venideros. Sólo hemos de mirar más a menudo.

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