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Carrito de la compra - 0,00
“El Círculo del Agua”, primera novela de Antonio Pardo.

Como cada semana, Dharani y Yash, dos inseparables amigos de un pueblecito del centro de la India, acuden al mercadillo que se organiza junto al río para vender sus mercancías. Pero ese no es un día cualquiera, porque en sus orillas va a tener lugar una ceremonia especial, y Dharani estará presente.
Cae la tarde y comienza el rito, y Yash, que observa oculto desde la lejanía, se da cuenta de que aquello no es lo que su compañera creía…

 

 

"El Círculo del Agua", primera novela de Antonio Pardo.

 

Así comienza El Círculo del Agua, la primera novela que yo, el que esto escribe, acabo de terminar. Hoy hablo como Antonio Pardo, no como propietario de Altocúmulo.

Vaya por delante mi sinceridad, humildad e inexperiencia en todo lo relativo al mundo literario.

Después de un año, he llegado a la conclusión de que el hecho de escribir una novela no surge desde la ocurrencia de un momento, ocurrencia que se puede convertir en empecinamiento si el único objetivo es llenar páginas y páginas. En mi caso creo que “el Círculo del Agua” es el resultado de la “mineralización” de la fantasía almacenada en mis recuerdos durante los años de la adolescencia. Los veranos de aquella feliz época, leyendo y releyendo las aventuras de Sandokán, mezclaban en mi cabeza las luchas de los invencibles piratas contra el enemigo inglés, así como las tremendas traiciones y venganzas de la temible secta de los estranguladores, ya en la India. Mompracem, los paraos, Sarawak, la ciudad negra de Calcuta, Surama, Tremal-Naik, Kammamuri… todo eso ha permanecido siempre conmigo, y la idea que un buen día surgió en el momento del reposo nocturno (casi siempre el origen de los mejores proyectos) se ha ido desarrollando, sin ayuda “obligada” por mi parte, hasta convertirse en lo que hoy tengo delante.

Y ¿qué vamos a encontrar en “El Círculo del Agua”? Pues un homenaje a Emilio Salgari en forma de novela de aventuras, orientada hacia todos los públicos, pero que podría encajarse en el segmento “juvenil”. Época actual, personajes “normales”… y aventura y misterio. Y todo ello deslizándose sobre un “camino amarillo”, como en “El mago de Oz”, que es la lluvia. La lluvia y la meteorología como hilo conductor, pero sin la intensidad que nos haría considerarla como una novela eminentemente meteorológica.

En resumen, tengo la esperanza de que los lectores, al menos, puedan decir que está bien escrito (cosa en la que he puesto toda mi alma)… y que han leído 50 libros peores.

Según lo previsto, “El Círculo del Agua” estará disponible a partir de la semana del 11 de diciembre, ya sea en nuestra tienda física o en la tienda on line. Y el viernes 15 de diciembre haremos la presentación oficial en Altocúmulo, en Valencia. Están todos invitados.

Por último les dejamos con el enlace a la pequeña presentación a la que nos invitaron los amigos del programa “Estil Mediterrani”, en el canal 8-Mediterráneo TV.

¡Nos vemos por ahí, de aventuras!

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

Stormglass, Cristal de tormenta, Vaso de tormentas o Barómetro de Fitz-Roy. Esas son las cuatro denominaciones del bonito instrumento cuyos cristales, hoy, os volvemos a mostrar.

Este ingenio procede el siglo XIX, y fue originariamente pensado para evitar que los pescadores ingleses sufriesen las consecuencias de las tormentas imprevistas cuando salían a pescar.

Los componentes del Stormglass son etanol, alcanfor, cloruro de amonio, nitrato de potasio y agua destilada. Todo ello mezclado en su justa medida nos da como resultado una composición de cristales que adoptarán una u otra forma según el tiempo atmosférico que se nos venga encima.

Y ¿qué nos estamos encontrando estos días?. Tenemos un bloqueo anticiclónico sobre la Península Ibérica que nos deja noches frescas, días muy agradables y vientos en calma. Esta situación de temperaturas mínimas algo frescas las interpreta el Stormglass como podéis ver en las siguientes imágenes.

Sí, una imagen vale más que mil palabras. Ramas, helechos… ahí lo dejamos. Pero, eso sí, son inconfundibles para el ojo algo avezado.

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

 

 

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

 

 

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

 

 

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

 

 

Las maravillosas figuras de los Stormglasses.

Veleta de forja con un búho real, ya en Altocúmulo.

No acostumbramos a subir al blog la llegada de nuevos artículos a Altocúmulo, la tienda de la meteorología, pero esta vez hemos hecho una excepción y aprovechamos este canal para mostrarles esta preciosa veleta de búho real que tenemos en el escaparate desde esta mañana.

Por el escaparate de Altocúmulo han pasado ya, si la memoria no nos engaña, una bruja (o dos, mejor pensado), un murciélago, un zorro, un gato, y ahora este búho.

Sin duda, los motivos más solicitados por los clientes son, en este orden, la bruja, el gallo y el búho, aunque tampoco han faltado las iniciales de dos enamorados, la becada o los olivareros en pleno trabajo. Pero claro, también recordamos los preciosos osos pardos y el águila pescadora que nos encargaron los amigos del FAPAS, y que ya se mueven al son del viento en las montañas asturianas. Y alguna más que ahora se nos escapa.

Como saben, tenemos dos modelos de veleta de forja: el grande, con una flecha de 80-83 centímetros de longitud -adecuada para la coronación de tejados o, en general, para lugares más alejados del punto de observación- y el pequeño, con una flecha de aproximadamente 50 centímetros, que colocaremos preferentemente encima de un muro, paellero o cobertizo. Están perfectamente equilibradas, de modo que soplando con la boca ya se mueven, y su acabado resiste los más desagradables inviernos.

¿Qué más podemos decir?. Pues que merece la pena que se pasen un día y puedan ver nuestro búho en vivo. En caso contrario pueden visitar la correspondiente sección de nuestra tienda on line.

¡Esperamos su visita!.

Los Stormglasses de Altocúmulo, en plena forma.

En Altocúmulo tenemos la mejor sección de Stormglasses que puedas encontrar. Estos instrumentos del siglo XIX, también llamados “barómetros de Fitz-Roy”, son capaces de predecir el tiempo venidero gracias al tipo de cristales que presenten en su interior: plumas, copos, penachos…

Es este un instrumento muy interesante y, como decimos, con diversos diseños.

En la imagen podemos ver los modelos clásicos, que son el de madera wenge, el de madera wenge con un Galileo adosado, el alemán de madera para colgar, el de pie de cristal y las dos novedades que llegaron ayer, que es el que tiene un pie de madera y el que tiene forma de bombilla.

Todos ellos ya están hoy señalando la bajada de temperaturas.

Tarde de nubes en los Montes Universales. Teruel, 12 de agosto.

Aprovechando nuestro periodo vacacional (qué bonita frase), el pasado sábado 12 de agosto aprovechamos para visitar el nacimiento del Río Cabriel, afluente del Júcar, que está situado en la parte turolense de los Montes Universales, unidad geográfica de gran relevancia por ser también el germen del río Tajo, el más largo de España. una clienta de Altocúmulo nos dijo que no podíamos dejar de verlo.

La jornada se presentaba estable según los pronósticos. ¡Qué más habríamos querido nosotros que la previsión fuese otra!. Pero no… según parece, nuestras visitas a Teruel, provincia tormentosa por antonomasia, coinciden siempre con días de cielo despejado. De todas maneras, el “poder” que tiene Teruel en cuanto a procesos convectivos quedó demostrado en esta jornada.

Si hacemos una simplificación de la convección (simplificación que corresponde a una conclusión extraída de los años de observación), podemos encontrar días de pura tormenta, que son aquellos en los que todos los ingredientes necesarios están presentes (como el día anterior, por ejemplo), pero también hay días en los que el calor y la presencia de un poquito de aire frío son suficientes para que la maquinaria turolense se ponga “en marcha”, y días en los que, aunque no existan las condiciones… algo crece. Y eso pasó.

Así pues, a partir de las 14 horas pudimos asistir a la proliferación de una serie de bonitas nubes medias y altas, indicativas todas de que el día iba a ser un “quiero y no puedo”. Pero ahí estuvieron, para nuestro disfrute, y ahí las fotografiamos para deleite y contemplación de todos, en el entorno de Toril y Masegoso, el Molino de San Pedro, y los Ojos del Cabriel.

Esperamos que la definición que doy de cada nube sea correcta, porque no siempre es fácil (y uno tampoco es un experto, al fin y al cabo).

 

 

Las primeras nubes aparecieron hacia las dos de la tarde. Cielo muy azul y nubes muy blancas. Nubes sin sombra, luego no estamos ante unos altocúmulos. Su aspecto sedoso nos indican que son cirros. Pero, ¿y esos flecos?. Podrían hacernos dudar si corresponden al rasgo suplementario “virga”, pero el hecho de que el color de la parte inferior sea también muy blanco, y no semitransparente, viene a decirnos que son de la especie “fibratus”. Hilos, fibras.

 

 

Aquí, ya sin el monte de delante como obstáculo, podemos observar otras nubes, de las que hablamos más adelante. Parecen del mismo género, ¿verdad?.

 

 

En esta nube con aspecto de Fújur, el dragón de la película “La Historia Interminable”, podemos ver varios detalles delatores del tipo de nube que tenemos delante. En primer lugar vermos una base perfectamente horizontal de la que cuelgan unos pequeños flecos casi transparentes, mientras que en la parte superior apreciamos perfectamente ciertos abultamientos, abultamientos que la OMM define como “copo pequeño de aspecto cumuliforme cuya parte inferior está más o menos desgarrada y acompañada a menudo de virga”. ¿La nube tiene sombra propia?. No. Pues entonces estamos ante un Cirrus floccus virga. ¡Toma ya!.

 

 

Otra imagen de cirros. Ahora vienen las dudas: ¿no parece un poco sospechoso que todos los flecos de estos cirros cuelguen hacia abajo?. Como si fueran virgas… Además, el aspecto de estos flecos, que por su parte superior están algo desordenados (en los de la parte derecha se ve este detalle claramente), nos hacen sospechar. Yo aquí me decanto por cirrus floccus (porque la parte superior está algo abombada) virga.

 

 

En esta imagen, muy parecida a la anterior, vemos cómo van creciendo cirrocúmulos en la parte superior. ¿Y cómo sabemos que son esas nubes?. Atentos a la definición: “Banco, capa delgada o sábana de nubes blancas, sin sombras. compuestas por elementos muy pequeños en forma de granos, ondulaciones, etc., unidos o separados y distribuidos con mayor o menor regularidad…” Esta última parte es la importante: ordenados, a sean, líneas, borreguitos u ondas. Está claro, ¿no?.

 

 

Avanza la tarde, aumenta el calor, y los primeros cirros se ven ahora acompañados por otras nubes más bajas y compactas, que son las que tenemos del centro hacia la derecha. Y tienen sombra propia. ¿Entonces?. Correcto. Son altocúmulos. Podríamos pensar que son cúmulos, claro, pero yo creo que por las horas y la poca inestabilidad… no. Al fondo podemos ver unos cirros con una curiosa forma de animal marino, o de cometa, o de…

 

 

Son casi las cuatro de la tarde. En dos horas hemos pasado de ver sólo dos bonitos cirros a tener un cielo más o menos poblado por nubes. Abajo, a la izquierda, vemos nubes con pequeñas protuberancias cumuliformes. Sin duda, altocumulus floccus.

 

 

Cuando huimos del nivel del mar, de su humedad y de la monotonía reinante durante el verano, nos damos cuenta con mayor frecuencia del poder de la Naturaleza, que es capaz de brindarnos un magnífico espectáculo tan sólo mirando al cielo.

Y que dure...

 

 

Cada amanecer es diferente. Mareny Blau, lunes 31 de julio.

Pues sí. El mar parece que siempre esté ahí, en el mismo sitio, pero lo que tiene encima, que son el sol y las nubes, le dan una y mil formas y colores. Hoy tenemos nubes algo más gordas que las de otros días, favorecidas por el viento de levante. Y al estar el sol oculto tras ellas, pero expandir su brillo de manera indirecta, nos deja este aspecto de mar plateado, muy bonito. ¡Feliz mes de agosto!.

Amanecer con viento del norte. Mareny Blau, 25 de julio.

El verano en el Mediterráneo occidental es monótono, sin lugar a dudas.

 

El ciclo brisa de mar-brisa de tierra se repite año tras año (aunque con una notable disminución de las nocturnas, las de tierra, respecto a lo que pasaba veinte años atrás), y el sol sale libre de obstáculos gran número de días, mientras que en otros tantos se oculta tras los estratos nocturnos, nubes que nacen al “calor” del agua evaporada que despide el mar y que duran pocas horas una vez que el astro rey está con nosotros.

 

Pues bien, a veces la situación isobárica favorece que esto cambie un poco. Hay que decir que el ciclo de brisas del que hablamos antes suele darse cuando no tenemos ningún gradiente de presión significativo; es decir, que no hay isobaras. Pero hoy es diferente. El mapa isobárico de la mañana de este 25 de julio a las 00 horas nos mostraba una serie de isobaras… bueno, bueno, mejor que lo comentemos con imágenes.

 

La cuestión es que esta mañana el viento soplaba fresquito, la humedad era baja y, por tanto, la visibilidad era magnífica. Y hemos hecho unas fotografías, que son las que queremos compartir en nuestro blog.

 

Esperamos que os gusten.

 

Anticiclón de las Azores en su sitio, fuerte y estable, girando en el sentido de las agujas del reloj (giro anticiclónico). Otro pequeño anticiclón, señalado con una “a” en el este del Golfo de Vizcaya, alargando la influencia de aquel. Y las líneas de presión en la Comunidad Valenciana, como podemos apreciar sin dificultad, en posición vertical. Como el giro es horario, el viento viene del norte. Siempre es así de fácil.

 

 

 

Bien es verdad que nuestro móvil es mejor que el que teníamos antes, pero aún así, si dice que la imagen ha de ser así, es que ha de ser así. Nubes medias y el mar rizado. El sol ya hace un rato que está fuera.

 

 

Aquí, con colores menos exagerados, podemos ver el incesante vaivén de las olas. Podemos observar con facilidad que vienen desde la izquierda, como debe ser, al estar soplando norte.

 

 

Nubes medias y altas. Las grises son muy interesantes, porque guardan un gran parecido con las llamadas “nubes fantasmas”, quizá por su aspecto de velo, como de sábana, ligeramente convexas. Y blancas, más arriba, podemos ver nubes de onda: nubes que se repiten, de manera paralela, fruto de un flujo organizado de viento.

 

 

 

Las nubes de onda, con más detalle.

 

 

 

Aquí tenemos la playa del Mareny Blau, vacía a primera hora, con la ciudad de Valencia al fondo. Y detrás de ella, claramente visible, la Sierra Calderona.

 

 

 

Y de manera más detallada podemos ver las olas provenientes de norte, las grúas del Puerto de Valencia, los edificios más altos de la Ciudad de la Ciencias y las Artes y la Sierra Calderona. Se divisan el Alto de Rebalsadors, El Sierro, El Alto del Pino y el Garbí, con altitudes comprendidas entre los 593 y los 807 metros. A la derecha de estas montañas, algo más difuminadas, aparece la Sierra de Espadán.

 

 

 

Un pequeño crucero navega hacia Valencia, a punto de interceptar la silueta de un lejano Cumulonimbo.

 

 

 

Y por último… Peñagolosa. La montaña más alta de la Comunidad Valenciana, con 1813 metros de altitud, está situada en la provincia de Castellón. Podemos verla apareciendo claramente por un collado evidente que tiene la Sierra de Espadán, y que no es otro que el Puerto de Eslida. Hacia el este, Espadán pierde altura y va a morir al mar.

 

Y esto es todo. Es bonito compartir imágenes (aunque no sean gran cosas) cuando la temperie nos ofrece la oportunidad, aunque esta sea pequeña.

Taller de meteorología y ciencia en el CEIP Peúcos, Valencia, 7 de julio.

2017… ya es el tercer año que acudimos al Centro de Educación Infantil Peúcos, en Valencia capital, para realizar uno de nuestros talleres de ciencia y meteorología.

En esta ocasión se reunieron cerca de 35 niños, ¡record absoluto!, con edades comprendidas entre los 3 y los 12 años, lo que se convirtió en un reto, desde luego… pero salimos bien parados, porque se portaron muy bien.

Como hemos hecho en otras ocasiones, la meteorología fue el primer tema a tratar, dejando la parte experimental (que siempre es la que más gusta) para el final.

En total, cerca de una hora y media de curiosos experimentos y explicaciones. Vayamos con las imágenes, que siempre valen más que mil palabras.

 

Como siempre, la meteorología es lo primero. Hablamos de los meteoros, que son todas aquellas manifestaciones que se producen en el aire o la superficie terrestre y que están relacionadas con la meteorología. Al principio los niños no “caen” en sus nombres, pero cuando dices “lluvia” las demás ya salen solas. ¡Nieve!. ¡Granizo!. ¡Arco iris!.

 

 

 

Y después de repasar fenómenos como el Rayo Verde o el Fuego de San Telmo cambiamos de tercio y pasamos a los experimentos. Hablamos primero de la varita de Van de Graff.

 

La varita de Van de Graff juega con la electricidad estática y la atracción y repulsión de las cargas eléctricas para hacer volar ligeras figuras de un material similar al papel de plata. Un auténtico truco de magia para los ojos de los más pequeños.

 

¿Y qué decir de la arena mágica?. Esta arena tiene un tratamiento impermeable que hace que el agua, lógicamente, no pueda empaparla. Es un material de uso indefinido, de modo que sólo con pasarla por un colador de tela la tenemos lista para guardarla en su recipiente, si no queremos usarla más.

 

Y qué decir de los polvos de licopodio… sin duda uno de los materiales más increíbles a los que podemos tener acceso en Altocúmulo. Este finísimo material, procedente de un hongo, es inflamable si se expulsa con fuerza por un orificio (una jeringa, por ejemplo), pero también es hidrófugo, de modo que no se moja con el agua ni deja que nada se moje. El efecto visual de un objeto o parte del cuerpo introducido en agua con licopodio es, simplemente, espectacular.

 

Y el fin de fiesta, cómo no, es la nieve instantánea. Este experimento no lo hacemos antes porque en ese caso los asistentes dejan de prestar atención. Aquí estamos vertiendo en el agua la cantidad de nieve correspondiente…

 

…y aquí, como por arte de magia, ¡aparece la nieve!.

 

El año que viene ofreceremos más y mejores cosas, seguro.

De nuevo tenemos que agradecer a Adela Rey, la directora de este centro, que nos haya llamado un año más.

¿Nos vemos el curso que viene?.

Pequeño cambio de tiempo. Valencia, 18 de julio.

La imagen de hoy, 18 de julio, nos muestra un pequeño cambio de tiempo. Claro, hemos consultado los mapas, y sabíamos que esto podía pasar… Las nubes de hoy son más compactas que esas otras de las que hablamos muchas veces durante el mes de julio en Valencia. Son nubes de evolución, de todas maneras, también crecidas al “calor” de la humedad que aporta el mar y del aire algo más frío que tenemos en la troposfera.

El tiempo de… Joan Carles Fortea.

Si hay un “hombre del tiempo” en la Comunidad Valenciana que sea apasionado, curioso, emprendedor de nuevos proyectos y observador -sin más- del cielo, ese es “nuestro” Joan Carles Fortea. Es complicado encontrar hoy, en algunos ámbitos profesionales, gente que ame su trabajo. Por todos esos motivos andábamos detrás de él desde hacía ya unos meses, y por fin lo tenemos aquí.

Este físico de carrera, profesor de universidad, amante de la astronomía y ex-hombre del tiempo de la antigua Canal 9, presenta en la actualidad el espacio L’ Oratge en el canal de televisión Mediterráneo TV. Allí lo podemos ver, en gran formato, mostrando isobaras, polvo sahariano y fotografías de todos los televidentes.

Podríamos seguir adjetivando a Joan Carles, pero las preguntas que podréis leer a continuación es dejarán bastante claro qué tipo de persona es. Esperamos que sean de vuestro agrado.

 

 

 

 

– ¿Cuál es el primer recuerdo “meteorológico” que tienes?.

Hola, saludos.
Mis primeros recuerdos son de niño, de la mano de la lluvia y en mi pueblo, en Quart de Poblet. Recuerdo semanas de septiembre lloviendo sin parar, un día, y otro, y otro, y de vez en cuando con intensidad torrencial, y ver como la calle cada vez estaba más llena de agua, y el agua subía por las aceras, y preguntar a mis padres cómo podía llover tanto sin parar y a veces tan fuerte.

Recuerdo de pequeño días de tormentas fuertes, que nos quedábamos sin luz casi todo el pueblo, porque antes nos quedábamos sin luz de manera más frecuente. Recuerdo estar escuchando los truenos, con una vela y escuchando la radio, y contando el tiempo entre los relámpagos o rayos, y los truenos.

Y recuerdo también mis primeras tormentas de verano en Teruel, con una sensación de asombro, admiración y sobretodo de miedo.

 

 

 

 

 

– ¿En qué ocasión concreta has pensado “madre mía, la que me va a caer”, cuando viste la evolución real del tiempo con respecto a tu pronóstico?.


Lo he pensado varias veces y con significados diferentes.

Con alguna línea de turbonada hemos tenido algunos sustos. Recuerdo grabar la información del tiempo a las 12h, por problemas en el estudio. Era un día típico de final de primavera con inestabilidad, una vaguada que se acercaba, y en la previsión se comentó que la tarde sería movida hacia el interior de Castellón y de Valencia, y ‘res més’.

Ese espacio se debía de emitir a las 15h, y a partir de las 13h comenzaron a crecer unos ‘pepinos’ hacia el interior de Valencia con una energía brutal, y a las 14h los teníamos llegando a Buñol con tormenta, rachas de viento fuerte y lluvia intensa. A las 14.30h había árboles caídos en Chiva y destrozos por inundaciones. La previsión grabada se emitió, sí, se emitió. Lo mejor fue que tuve que salir justo después de la grabación y en directo decir que la previsión era grabada y que la situación había cambiado, y de qué manera. En aquel momento, la información meteorológica no se hacía en directo, y fue toda una experiencia. Tengo que agradecer a todos los que hicieron que fuera posible la corrección en directo.

Y más recientemente, bajando Penyagolosa pensé: ‘madre mía, la que nos va a caer’, pero en este caso de agua, o algo más. Estábamos en la cima preparando un programa de televisión, y teníamos al lado un grupo de estudiantes que habían coincidido en la cima con nosotros. Visualmente veíamos llegar una tormenta y con el radar teníamos identificado el desplazamiento, y todos pensamos que de esta sería difícil escapar, y efectivamente nos pilló bajando con buena colección de rayos, algunos de ellos muy, pero que muy cerca. Os recomiendo que un día vayáis por el lado oeste del barranco de la Pegunta, por la zona más alta, y podréis ver toda una colección de impactos de rayos en árboles, es una pasada.

 

 

 

 

 

 

– ¿Crees que los modelos matemáticos de predicción atmosférica tienen aún mucho camino por recorrer, en cuanto a fiabilidad, o hay cosas que nunca podrán predecirse del todo?.
El camino por recorrer es el que se está recorriendo, en la mejora de las salidas probabilísticas. Hay un campo que todavía no ha llegado al público en general, pero que comienza a hacerlo, y en este sentido el trabajo que se está realizando todavía puede avanzar.

De la misma manera se está avanzando en la mejora de como los modelos incluyen la orografía y parametrizan las tormentas, y sobre todo la precipitación.

Las interacciones entre la atmósfera y el mar, y entre la atmósfera y la tierra también son campos donde se avanzará próximamente con el aumento de la resolución de los modelos, de la capacidad de cálculo y de la información que tendremos de los nuevos satélites meteorológicos.

El campo de la teledetección siempre me ha atraído y me parece apasionante, y seguro que nos va a ofrecer todavía mucha más información, tanto en cantidad, como en calidad, y esto será aprovechado por los modelos de predicción. Los nuevos sensores, que se están montando en las plataformas espaciales, con grandes mejoras espectrales, ofrecen ya unas herramientas cuya potencia aprovecharemos los próximos años. En este sentido, hay que reconocer el nivel de los equipos de investigación en Teledetección que tenemos en Valencia.

 

 

– ¿Qué localidad, zona o región del mundo te gustaría visitar una temporada, para poder disfrutar de su “tiempo”?.
Hay que reconocer, que en nuestra zona a veces queda todo un poco parado y aburrido, pero cuando se monta una, puede ser o es espectacular.

De todas formas, Islandia es el próximo objetivo.

La zona de tornados de los Estados Unidos tampoco estaría mal poder visitarla montado con un cazatormentas de la zona.

 

 

 

 

 

– Recomiéndanos una película o un libro (o las dos cosas) de índole meteorológica.
Películas hay varias interesantes dedicadas a fenómenos extremos atmosféricos o marítimos.

A mí siempre me ha gustado mucho Twister, por como plantean el trabajo de campo en equipo, y como buscan tener más datos para poder entender el comportamiento de la naturaleza. La he visto varias veces y siempre me engancha, aunque hay que cosas que…, bueno, se podían haber planteado de otra manera, pero es una película. Me recuerda mi época de becario por los campos de Barrax, en Albacete, lanzando globos sonda en julio.

Por motivos meteorológicos y de divulgación científica recomendaría Marte, Interestelar y Gravity.

Respecto de libros, siempre me llama la atención en cualquier obra como se describe el entorno meteorológico de las situaciones. Pero si hablamos de un libro de meteorología o climatología, me gustó ‘The state of fear’ (Estado del miedo). Hace reflexionar sobre la mezcla actual de ciencia y política en relación con el cambio climático. Creo que en estos momentos todos deberíamos dar una repensada a qué significa tiempo y qué significa clima, y por tanto, el significado del cambio del clima y hacia donde nos está llevando. Como dice otro libro, en este caso más cercano, de Andreu Escrivá: ‘Encara no es tard’.

Vaya, me olvidaba, os recomiendo también, si todavía no lo habéis leído, que echéis una ojeada al libro ‘No dispareu al meteoròleg’. No es un manual de meteorología, ni tampoco es una novela negra, es un libro que habla de nuestra meteorología y nuestra climatología. Es un libro hecho como agradecimiento a todos los observadores altruistas que cada día realizan sus observaciones, y envían datos o fotos, siguiendo las condiciones meteorológicas de nuestra tierra. Muchos de ellos fueron la semilla de la actual Asociación Valenciana de Meteorología, AVAMET, el presente y el futuro de nuestra meteorología. En este libro, Victòria Rosselló y Vicent Gómez, explican muy bien algunas de las peculiaridades de nuestro ‘oratge’ y de nuestro clima. El libro es una piedra más a la gran pared de piedra seca, que es el conocimiento de nuestra meteo, de nuestro clima, y del cambio del clima.

 

 

Pues hasta aquí la entrevista que hicimos a JC y que hoy, a las puertas de otro episodio de calor, colgamos en nuestro blog.

¡Gracias, Joan Carles!.